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“Éramos felices y no lo sabíamos”



¿Han escuchado esta frase últimamente? Estoy seguro que sí. Yo también la he escuchado, quizá más veces de las que me gustaría. Es más, es posible que en medio de las carencias actuales tú mismo evoques las cosas que tenías antes, y sin dedicarte a pensar un poco más, simplemente termines expresando también la consabida frase.


Claro, te acuerdas de los carritos del supermercado llenos de toda clase de productos, que arrastrabas hasta la caja registradora, y de cómo simplemente pasabas la tarjeta para pagar, porque no era problema la cantidad de dinero en las cuentas. ¡Eso estaba dado por sentado!


Y por supuesto, te ibas a pagar la cuenta después de recorrer los pasillos, revisando uno a uno los anaqueles, bien surtidos con toda clase de productos. Y tu atención mayor no se centraba en la sección de alimentos, ni tampoco en los precios de las etiquetas.


Simplemente tomabas lo que veías que faltaba en casa, lo depositabas en el carrito, y seguías haciendo lo mismo por los próximos pasillos. Los estantes estaban siempre adornados de diversas marcas, presentaciones y sabores. Todo eso a la disposición de tu mano, y al alcance de tu poder adquisitivo.


Y es posible que recuerdes cómo eran las fechas de cobro de utilidades, vacaciones o aguinaldos: No era difícil pensar en dar la inicial del vehículo familiar con el monto que caía en tu cuenta, o comprar un artefacto electrodoméstico (o varios), también pintura para toda la casa (interiores y exteriores), o un viaje familiar, y no era falaz pensar además que el dinero alcanzara para la compra de ropa nueva para tus hijos, útiles escolares o regalos de navidad.


Pensar que eso fuera tu realidad hace relativamente pocos años, y caer en cuenta que hoy esas cosas te parecen tan lejanas e imposibles, te hacen pensar que el tiempo pasado fue mejor, pero dice la Biblia: “No es inteligente preguntarse por qué todo tiempo pasado fue mejor.” (Eclesiastés 7:10 PDT)


“Éramos felices y no lo sabíamos” se ha vuelto una frase muy trillada y la verdad es que resulta un tanto mediocre en estos tiempos, porque demuestra una realidad: El corazón del hombre es insaciable e infeliz, porque tenga lo que tenga, sigue enfocado en lo que no tiene.

Si reflexionas en lo que significa esa expresión, te darás cuenta que no es muy inteligente: Cuando tenías cosas en abundancia no eras feliz, porque no sabías lo que poseías, pero ahora que no tienes nada, porque estás en esta terrible crisis económica, apenas estás empezando a valorar lo que disfrutabas, pero es porque ya no está, y sigues siendo infeliz, esta vez porque sabes de lo que ya no gozas, y añoras tener al menos eso que perdiste.


Y voy a decirte algo: Quizá estás cometiendo el mismo error de antes. Eres infeliz porque estás pensando en lo que no tienes, sin valorar lo que sí posees. Por esa razón, quiero invitarte a ver las cosas de otro modo, y a pensar de nuevo en las mismas cosas, pero de forma diferente.


Primero: ¿Qué tal si te das por un momento la oportunidad de experimentar en tu vida actual algo que el apóstol Pablo llamó CONTENTAMIENTO? Él dijo: “He aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación” (Filipenses 4:11). Aclaro, esto no significa para nada conformismo, ni optimismo mental, y mucho menos positivismo barato.


Por el contrario, aprender a contentarte con lo que tienes ahora, es recorrer el camino que te llevará a identificar las cosas que posees en este momento, que no estabas notando, ni valorando de forma adecuada, para empezar a agradecer por ellas, sin negar tu realidad, ni disimular tu crisis. 1º de Tesalonicenses 5:18 dice: "Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús."


Segundo, ¿Qué tal si usas tu crisis actual para aprender lo que significa vivir por fe? Los momentos difíciles son la mejor oportunidad para experimentar a Dios. Para ser testigo de sus respuestas. Para evidenciar sus pequeños milagros diarios.


Vive tu vida creyendo y confiando, caminando hoy en constante dependencia de Dios, para que eso se convierta en una experiencia invariable, tengas mucho o tengas poco. Proverbios 3:5 recomienda: "Fíate de Jehová de todo tu corazón, Y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, Y él enderezará tus veredas."


Por último, ¿Qué te parece si empiezas a valorar en medio de tu necesidad, el gran valor de la generosidad? Te explico: En tiempos difíciles, puedes medir de mejor manera, el gran impacto que te causará el recibir una ayuda a tiempo, pero la Biblia dice que Más bienaventurado es dar que recibir”. (Hechos 20:35) Por lo tanto, aún en tu escasez puedes experimentar lo que significa triplicar el efecto de la bendición, al darte la oportunidad de ser tú el que pueda dar.


Comparte con alguien, lo mucho o poco que hayas recibido; siempre habrá alguien que se alegre de recibir, Dios se alegrará de tu acto de bondad, porque Él ama al dador alegre, y tú experimentarás el gran efecto que produce el dar, aún en medio de tu propia necesidad.


Si decides hacer estos tres pequeños cambios en tu vida, en vez de seguir dependiendo para tu felicidad en cosas que no tienes, y considerando erróneamente que el tiempo pasado fue mejor, empezarás a razonar con más sabiduría, y a actuar de una forma que por fin te haga ver que la felicidad de tu presente no depende de la abundancia de las cosas que posees, sino de la actitud que decidas tener.


Jesús dijo: La vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee”. Y añadió: “Por eso les digo que no se preocupen por lo que van a comer ni por la ropa que se van a poner. La vida es más que la comida y el cuerpo más que la ropa. Fíjense en los cuervos, que no siembran ni cosechan. Tampoco tienen bodegas ni graneros, y aun así, Dios los alimenta. ¡Ustedes valen mucho más que las aves! En vez de eso, busquen el reino de Dios, y se les dará todo lo que necesitan”. Lucas 12:15, 22-31 PDT



Pr. Sergio David Villegas

Dpto. de Redacción NotiCristo.


Dpto. de Diseño: Marco Gentile

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