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Esperanza de futuro


El cambio es una constante en la vida. Los cambios ocurren todos los días. Desde el mismo momento en que somos implantados en el ovulo de nuestra madre, comienza una carrera de cambios subsecuentes: Crecemos, maduramos, envejecemos... Cambiamos.


Hay cambios que son paulatinos, de los cuales muchas veces no nos hacemos cien por ciento conscientes, y hay cambios abruptos, que nos sorprenden, porque nos cambia la vida de un día para otro. El mundo cambió, y sigue cambiando: Cambió la manera en que compramos, la forma en que nos comunicamos, cambiaron las maneras de mostrar nuestros afectos, la forma de reunirnos, de encontrarnos.


Pero ante los cambios, podemos tomar una de dos decisiones determinantes, basados en lo que dice la biblia en Eclesiastés 7:10: “Hay quienes se quejan de que «todo tiempo pasado fue mejor». Pero esas quejas no demuestran mucha sabiduría”. La primera opción tiene que ver con mudarnos a vivir en el banquillo de los quejosos, que nos enfoca hacia el pasado, y la otra, la que nos obliga a ajustar los lentes del presente para visualizar un mejor futuro.


La Biblia dice que no hay mucha sabiduría en quedarnos en el banquillo de la queja, mirando hacia atrás, en dirección al pasado, atascados en las cosas buenas que nos sucedieron, idealizando lo acontecido como lo mejor de nuestras vidas, aferrándonos a las experiencias sucedidas, o sumergidos en el lamentar de las oportunidades perdidas, con el consecuente resultado de extraviarnos de la realidad presente, derrochando el valor del milagro de la vida hoy, y desenfocándonos de la posibilidad de conformar un futuro diferente, lleno de nuevas oportunidades y de experiencias enriquecedoras, pleno de satisfacción, de abundancia y de propósitos cumplidos.


No se trata de negar la realidad, sino de ajustar los lentes del presente, tomando decisiones determinantes que nos encaminen hacia un mejor futuro, como lo hizo Rut, la moabita.


No sabemos si ella tuvo un pasado sufrido o feliz, lo que sí sabemos es que llegado el momento de formar familia, encontró un hombre maravilloso con el cual se casó y una casa que la recibió como a una hija, al punto de llegar a amar a su suegra como lo haría una hija con su propia madre.


Pero el presente de dolor estaba marcando la vida de Rut, convirtiendo su pasado inmediato en una pesadilla. Murió su suegro, su cuñado y también su esposo, desmembrando a su familia, trayendo aflicción a la casa, al punto de decidir su suegra abandonar ese territorio para volver a su tierra y a su propio lugar.


El presente sorprendió a Rut en una encrucijada que demandaba una decisión. Tenía la opción de quedarse a vivir en el pasado, en la comodidad de lo cotidiano, en la seguridad de lo conocido. Podía pensar, como Noemí, que para ella ya no había futuro, que sus planes y sus sueños habían muerto junto a su esposo, que lo mejor era volverse a su casa, a su antigua familia, a esperar en el lugar de sus ancestros, a que otra oportunidad viniera y la alcanzara, pero eso significaría renunciar a la posibilidad de un mejor futuro, e implicaría la entrega de sus anhelos y deseos, solo por permanecer rodeada de antiguos recuerdos de lo vivido.


Pero Rut no se quedó en esa decisión. Ella abrazó los cambios. Capitalizó las circunstancias tristes del presente, y las usó como catalizadores de destino, que marcarían una ruta que la conduciría hacia las oportunidades felices de un nuevo y mejor futuro. Aprovechó para dejar atrás los complejos, las limitaciones y la duda por el porvenir. Se enfocaría en lo que estaba delante, soltando el dolor de la muerte, y el sentimiento de derrota de un pasado de aparente fracaso, y caminó resuelta hacia Belén, decidida a encontrar redención, y confiada en que aún podía dar a luz los sueños y las visiones que aguardaban en su corazón.


Aquella decisión diferente selló su destino, cuando llegó a Belén, un lugar nuevo pero siempre buscado, Dios le condujo a su redentor, el mismo que la rescató del pasado de tragedia, y que la condujo al altar de la trascendencia histórica. En los anales de la genealogía del Hombre más grande que ha visto nacer esta tierra, hoy está inserto el relato de esta mujer que decidió no quedarse en un pasado de anonimato, sino que buscó trascender a un futuro de esperanza.


Hoy, delante de ti, están las mismas decisiones. En vez de quedarte en el banquillo de la queja, añorando un pasado hermoso que jamás volverá, camina hacia tu Belén, tu lugar de provisión, para encontrarte con el Redentor de tu pasado, que hará nuevas todas las cosas. Él restaurará lo que pasó, y te proyectará al futuro de cosas nuevas, que tiene preparadas para ti.


“De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.

(2 Corintios 5:17)




Pra. Libna Villegas de Parra

Departamento de Redacción NotiCristo


Diseño: Desiree Tarrío

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