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Alábale en todo tiempo


Serie: Cómo agradar a Dios


Capítulo 1: Alábale en todo tiempo


Recuerdo a una chica que estaba preparándose para su boda y, en los ensayos, le pidió al pastor que oficiaría que, en los votos, sólo quería repetir: “Yo decido amarte en las buenas, en la salud, en la riqueza y en la alegría”. Cuando el pastor le preguntó por qué, la chica dijo: “Es que no quiero atraer lo malo a mi matrimonio”.


No obstante, la realidad es que, en este escenario humano, los momentos de alegría y felicidad también vendrán acompañados por tiempos difíciles y días aciagos. El escritor bíblico de Eclesiastés lo expuso acertadamente:


“Todas las cosas bajo el sol tienen un tiempo y un momento: Hay un tiempo para nacer y un tiempo para morir… Hay un tiempo para llorar y un tiempo para reír… Hay un tiempo para amar y un tiempo para odiar” (Eclesiastés 3:1-2, 4, 8 BHTI).


Entonces, no deberíamos caer en la trampa de que “todo tiene que salir como yo quiero para poder ser feliz”, o “la vida es bella (solamente)”, o “nadie es malo”. Lamentablemente, la vida no se circunscribe solo a “blanco y negro”, pues tiene, con mucha frecuencia, matices grises.


Pase lo que pase:


Alabaré al Señor, pase lo que pase. Constantemente hablaré de sus glorias y de su gracia. (Salmo 34:1 NBV)


Cuando David escribió este salmo, estaba huyendo del rey Saúl, quien lo quería matar. Tuvo que esconderse en medio de sus enemigos, quienes tenían las mismas intenciones. Sin embargo, las palabras del salmista fueron para bendecir a su Padre celestial, en todo tiempo…


La decisión de David, de alabar a su Dios, no dependía del clima, de la “suerte”, “de qué lado de la cama se hubiese levantado”, o de las circunstancias. Estaba cimentada en una voluntad y convicciones inconmovibles. Él honraría a su Padre celestial no sólo en los buenos tiempos, sino en aquellas circunstancias difíciles.


¡Una palabra de advertencia!


Tanto en los buenos como en los malos tiempos podemos fallar en no alabar a Jehová. En una ocasión el rey David oró para que jamás olvidara que todo lo que tenía provenía de la generosidad de su Creador; y otro rey, Nabucodonosor, fue disciplinado por no reconocer que su grandeza era el resultado de la obra de Dios en su vida.


Por tanto, será necesario tener una actitud correcta y convicciones firmes para no caer en la tentación de la esposa de Job: “ ¡...maldice a Dios y muérete!". ¡No caigas en la trampa del enemigo! Si bendices a Dios en todo tiempo, Él verá tu fidelidad y acudirá para bendecirte y librarte en tiempos de aflicción. ¡Solo confía, espera y verás la gloria de Dios!


Capítulo 2: Clama y confía


Pr. Rigoberto Venegas M.

Serie: Cómo agradar a Dios

Dpto. de Redacción NotiCristo


Dpto. de Diseño: Marco Gentile

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