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¡Contracorriente!


"No vivan ya según los criterios del tiempo presente; al contrario, cambien su manera de pensar para que así cambie su manera de vivir y lleguen a conocer la voluntad de Dios, es decir, lo que es bueno, lo que le es grato, lo que es perfecto."

Romanos 12:2 DHH


Sólo los peces muertos son arrastrados por la corriente.


Siempre pensé que todos los animales acuáticos nadan a favor de la corriente; sin embargo, descubrí que los salmones, las rayas, las anguilas y las medusas no lo hacen todo el tiempo.


Dentro de los distintos tipos de salmones hay uno que me llamó la atención, pues al indagar un poco, descubrí que su viaje de regreso al lugar de nacimiento es una odisea grandiosa. Hablo del salmón rojo.


Después de vivir alrededor de dos años en las aguas dulces de ríos o lagos en la costa oeste de Norteamérica, el salmón rojo siente un impulso de fuerza imparable que lo empuja hacia las aguas del Pacífico, donde vive cerca de cuatro años, tiempo durante el cual el salmón cambia de color rosa a un rojo intenso. Cuando esto sucede se apodera de él una determinación inexplicable de regresar a su lugar de origen.


El camino de regreso de este pez es una de las migraciones más alucinantes que existen en el planeta. La podríamos comparar con la de la mariposa monarca, o la de los ñus, que cruzan la sabana. El salmón rojo no sólo nada a contracorriente, se crece ante los retos, escapa a terribles depredadores, evade emboscadas y trampas humanas como las presas o plantas hidroeléctricas; todo con tal de perpetuar la especie.


Esta determinación es digna de imitar por aquellos que hoy tratan de vivir para agradar al Rey y Señor, Jehová de los ejércitos, a quiénes Dios les dio vida cuando estaban "muertos" en sus delitos y pecados, "en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia" (Efesios 2:2).


Note los tiempos verbales: Tanto en castellano como en el idioma original en que fue escrita la carta a los Efesios (el griego), el apóstol Pablo habla de algo que ocurrió en el pasado, pero que ya no ocurre más en el presente. Los que sirven al Dios todopoderoso viven para Dios y para cumplir Su propósito en medio de un mundo hostil que ha decidido darle la espalda al Creador.


"No vivan ya según los criterios del tiempo presente..." (Romanos 12:2 DHH), fue la recomendación del apóstol Pablo a los cristianos romanos, que vivían en una cultura hedonista, materialista e idólatra. Permitir que tal filosofía de vida fuese permeando el pensamiento cotidiano, las costumbres y las tradiciones familiares significaría un peligroso juego con el pecado que traería consecuencias desastrosas para la vida espiritual de aquellos que habían decidido abrazar la fe en Jesús como Salvador y, por supuesto, la decadencia y la extinción de la sociedad en la que vivían. Y es que el rey Salomón dijo acertadamente que es imposible que nos echemos fuego en el pecho sin que se nos queme la ropa (Proverbios 6:27 DHH).


Hoy vivimos en una cultura similar a la del primer siglo, pero más corrompida y con una dialéctica a favor de la lujuria, y el narcisismo; y con un humanismo empecinado en quitar al Creador de su trono, que envuelve, seduce mediante argumentos falaces, y esclaviza, aun a los hijos de Dios.


Si decidimos vivir según la corriente de este mundo dejaremos de ser la luz que debe estar en lo más alto para que disipe la mayor cantidad de oscuridad posible y nos convertiremos en un montón de sal que no da sabor y que sólo servirá para ser lanzada junto al camino para que sea pisoteada por los transeúntes. Es decir, menospreciaremos el sacrificio que hizo el Hijo de Dios para salvarnos en la cruz del Gólgota; viviremos sin sentido ni propósito, aun cuando acumulemos muchos tesoros aquí en la tierra y quedaremos expuestos al juicio divino.


El desafío paulino es a "cambiar nuestra manera de pensar, para que también cambie nuestra manera de vivir", lo cual nos permitirá conocer la Voluntad de Dios, es decir, lo que es bueno, agradable y perfecto. ¡Eso transformará nuestras vidas, familias y nuestra sociedad!


El mundo nuevo que anhelamos no se encuentra siguiendo los criterios de este actual sistema, sino permitiendo que nuestro Padre Celestial transforme nuestro corazón y seamos sus colaboradores en la creación de un "reino nuevo", una sociedad que viva para honrarle, para amarle a Él y a nuestro prójimo, y para servirle.


Es necesario definir si estamos nadando contracorriente o si nos estamos dejando arrastrar por ella.



Pr. Rigoberto Venegas M.

Iglesia Tierra de Gracia, Cabudare-Venezuela

Departamento de Redacción, NotiCristo. Diseño: Desiree Tarrío.

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¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian la paz, de los que anuncian buenas nuevas! (Romanos 10:14-15)

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