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Convierte tus problemas en una ventaja


Convierte tus problemas en una ventaja

“¿Para qué existen los problemas?” Lo más seguro es que te hayas hecho esta pregunta justo cuando no sabías como afrontar una situación difícil, un reto, un obstáculo o una mala noticia. Pero aunque te parezca imposible, los problemas, dificultades, obstáculos o debilidades, tienen un propósito y una razón de ser.


Pablo de Tarso, hablando de este tema, dijo: “A causa de la extravagancia de mis revelaciones, y para que no se me subieran a la cabeza, se me concedió el don de una minusvalía que me mantuviera en constante contacto con mis limitaciones. El ángel de Satanás hizo todo lo posible por abatirme; pero solo logró ponerme de rodillas. Eso me benefició, porque así no corría el riesgo de andar por ahí con la cabeza en alto”.


“Al principio no lo consideré un don, y rogué a Dios que me lo quitara. Lo hice tres veces, y entonces me dijo: "Mi gracia es suficiente; es todo lo que necesitas. Mi fuerza se manifiesta en tu debilidad”. Una vez que oí eso, me alegré de que sucediera. Dejé de centrarme en la desventaja y empecé a apreciar el don. La fuerza de Cristo se hizo presente en mi debilidad.”


“Ahora me tomo las limitaciones con calma, y con buen humor, esas limitaciones que me reducen a la mínima expresión: abusos, accidentes, oposición, malas rachas, las entrego a Cristo, y dejo que Él se haga cargo. Y así, cuanto más débil me vuelvo, más fuerte me hago”. 2 Corintios 12:7-10 (BTM)

Según lo que dijo Pablo, el sufrimiento por una dificultad no lo causa la aflicción en sí misma, sino la forma como la interpretas. Si consideras que el obstáculo es un problema, vas a querer zafarte de él a toda costa, como Pablo del aguijón, pero si eso sucediera, te perderías lo mejor de todo.


¿Cómo puedes transformar tu situación difícil en una ventaja?


Como Pablo era inteligente, aceptó que no iba a cambiar su situación, por lo tanto decidió cambiar su actitud, su enfoque, y su interpretación de la minusvalía. Dijo: “Una vez que oí eso, me alegré de que sucediera. Dejé de centrarme en la desventaja y empecé a apreciar el don.” Y aunque esta actitud no cambio su circunstancia, sí tuvo un impacto en sus resultados. Al dejar de enfocar la desventaja, empezó a valorar como un don su minusvalía. ¿Quieres saber cómo logró eso?



Él lo resumió de esta manera: “Ahora me tomo las limitaciones con calma, y con buen humor”. Y luego: “Esas limitaciones que me reducen a la mínima expresión… las entrego a Cristo, y dejo que Él se haga cargo”. Aprendió a usar a su favor tres principios poderosos que tú también puedes usar.


1. Aprende a calmarte


En el fragor de la batalla de la vida, a menudo te verás abrumado por las olas de tus propias emociones. Pero en medio de la tormenta, tendrás que aprender a controlar tus respuestas y encontrar la calma.


El autocontrol emocional significa reconocer tus emociones y responder a ellas de una manera equilibrada y constructiva. Como dice Proverbios 29:11: "El necio da rienda suelta a toda su ira, pero el sabio, al fin, la sosiega". Tú dispones de la sabiduría de Dios por el Espíritu Santo, para no dar rienda suelta a su ira.


La ira descontrolada no produce los resultados justos y deseables, sino que tiene el potencial dañino para sacarte de la justicia y el derecho que tienes en Dios. Para tener dominio sobre nuestras emociones tienes que permitir que el Espíritu Santo trabaje en ti para desarrollar el fruto del autocontrol.


2. Practica técnicas bíblicas de relajación


El salmista practicaba el descansar en Dios: "En Dios solamente encuentra descanso mi alma; de él viene mi salvación. Él solamente es mi roca y mi salvación; él es mi protector. ¡Jamás habré de caer!". Salmo 62:1-2. Este descanso se activa mediante una confesión de fe, en adoración.


Otro principio poderoso es la renovación de la mente. Consiste en enfocar la atención y el pensamiento en las promesas divinas. Meditando sus promesas, creyéndolas, y confesándolas ¡Es una terapia espiritual! El Salmo 1:2 dice: "Sino que en la ley del Señor se deleita, y día y noche medita en ella".


La próxima vez que enfrentes un problema, antes de quejarte, renegar o claudicar, pregúntate: ¿Qué me dice la Biblia acerca de esto? Revisa, medita, ora y confiesa, para cambiar tus pensamientos, y hallar la calma que necesitas.

3. Cultiva el sentido del humor


En lugar de dejarte consumir por la frustración. Busca el lado positivo o divertido de las circunstancias. Piensa que dentro de un tiempo, estarás riendo al recordar lo que hoy estás viviendo.


En Filipenses 4:4, el apóstol Pablo dice: "Regocíjense siempre en el Señor. Insisto: ¡Regocíjense!". ¡Podemos experimentar alegría incluso en medio de las dificultades! Y Proverbios 17:22 enseña: "Un corazón alegre es una buena medicina, pero un espíritu quebrantado agota hasta los huesos".


No estoy hablando de burlarte de la Biblia, ni de Dios, ni de nadie. No confundas humor con burlas. El sentido del humor debe ser equilibrado y respetuoso. No debemos usarlo para burlarnos o herir a otros. En cambio, podemos buscar la alegría y la capacidad de reírnos de nosotros mismos, encontrando en la risa un regalo que Dios nos ha dado.

Ante los problemas de la vida: ¡Regocíjate! No hay gozo sin risa… Así que ¡Ríe!


4. Practica la entrega total: confía en la fuerza divina


Por último, Pablo expresó: “Esas limitaciones que me reducen a la mínima expresión: abusos, accidentes, oposición, malas rachas, las entrego a Cristo, y dejo que Él se haga cargo.”


Él descubrió un secreto: podía entregar sus cargas a Cristo. Pero eso no era exclusivo para él. Tú también necesitas aprender a soltar el control y confiar que hay una fuerza más allá de ti que puede encargarse de tus limitaciones. Acepta que no puedes resolver todo por ti mismo y permite que esa fuerza divina te apoye y guíe en el proceso.


En el camino de la vida, te vas a encontrar con limitaciones “que te reducen a la mínima expresión”: Abusos, accidentes, oposición y malas rachas que te harán sentir impotente y desanimado. Pero justo en medio de estas circunstancias difíciles, recuerda una cosa: Cristo está dispuesto a recibir tu carga.


En Mateo 11:28, Jesús dice: "¿Estás agotado? ¿Cansado? ¿Aburrido de la religión? Ven a mí. Ven conmigo y recuperarás tu vida. Te enseñaré a descansar de verdad. Camina conmigo y trabaja conmigo: mira cómo lo hago. Aprende los ritmos no forzados de la gracia. No te impondré nada pesado ni inadecuado. Hazme compañía y aprenderás a vivir con libertad y ligereza".

No estás solo en este camino. Cristo quiere caminar a tu lado, enseñándote a descansar, y sosteniéndote en cada paso. Su fuerza divina es suficiente para superar cualquier obstáculo que encuentres en tu camino. En tu entrega total, encuentras paz y descanso, sabiendo que él se hace cargo de todo.


Cuando enfrentas abusos, su amor te rodea brindándote sanidad y restauración. En medio de accidentes, su gracia te sostiene y te da la fuerza para seguir adelante. Ante la oposición, su sabiduría te guía y te permite responder con amor y humildad. En las malas rachas, su providencia te provee y te da esperanza para un futuro mejor.


Decide entregar tus limitaciones a Cristo y confiar en su fuerza divina. En cada paso que des, apóyate en su gracia y en su amor incondicional. Él es tu refugio y tu fortaleza, y en él encuentras la plenitud de lo que anhelas. “Aprende a su ritmo…Él no te pone cargas que no puedes llevar… nada pesado, ni inadecuado…”


Tu vida puede estar llena de problemas, dificultades y obstáculos que pueden desanimarte y hacerte sentir impotente. Pero tus desafíos tienen un propósito. No puedes cambiar todas las circunstancias, pero puedes cambiar la forma en que las enfrentas.


Acepta tus limitaciones con calma y buen humor. Pero lo más importante: decide entregarle tus cargas a Cristo. Confía en su fuerza divina para llevarte a través de las limitaciones y dificultades. Su voz te dice: “Mi gracia es suficiente; es todo lo que necesitas. Mi fuerza se manifiesta en tu debilidad”. No temas ser vulnerable: cuanto más débil te vuelves, más fuerte te haces.


David Parra

Medellín, Colombia.


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