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Crecimiento espiritual a través de la Frustración


Crecimiento Espiritual a Través de la Frustración

¿Alguna vez has sentido que, a pesar de tus mejores esfuerzos y dedicación en tu vida espiritual, los resultados no parecen llegar? Es una experiencia común que todos enfrentamos en algún momento de nuestras vidas.


La frustración, ese sentimiento de desánimo y desesperación, puede acechar en las sombras, incluso cuando estamos comprometidos con nuestra fe. Pero, ¿qué podemos aprender de la frustración? ¿Es posible que este sentimiento aparentemente negativo pueda convertirse en un escalón crucial en nuestro viaje hacia un crecimiento espiritual más profundo y significativo?


En este primer artículo de nuestra serie "Crecimiento Espiritual a Través de la Frustración", exploraremos la naturaleza de la frustración y cómo puede influir en nuestra vida espiritual. A través de la historia de Simón y Jesús en el lago de Genesaret, descubriremos valiosas lecciones sobre cómo enfrentar y superar esos momentos de duda y desesperación en nuestro camino hacia una fe más profunda.


Acompáñanos mientras exploramos el poder transformador de la frustración y cómo puede convertirse en un catalizador para un crecimiento espiritual más significativo.


El Desafío de la Frustración Espiritual


¿Cómo podemos crecer en profundidad espiritual y experimentar los maravillosos frutos que Dios tiene reservados para nosotros, cuando nos sentimos frustrados por los resultados actuales?


A veces, por ver la situación que nos rodea a nivel personal, familiar y ministerial, nos sentimos fracasados y dudamos de poder revertir las circunstancias para alcanzar esos frutos.


Nos sentimos como Simón lavando las redes frustrado a la orilla del mar. La Biblia narra:


“Una vez Jesús estaba a la orilla del lago de Genesaret. La gente lo apretujaba, tratando de escuchar la palabra de Dios. Jesús vio dos botes que los pescadores habían dejado en la orilla para lavar sus redes. Jesús subió al de Simón y le pidió que lo alejara un poco de la orilla. Luego se sentó y le enseñó a la multitud desde el bote. Cuando terminó de hablar le dijo a Simón: -Lleva el bote a aguas profundas y lancen las redes para pescar. Simón le respondió: -Maestro, estuvimos trabajando toda la noche y no pescamos nada. Pero si tú lo dices, lanzaré las redes.” (Luc 5:1-5 Spanish PDT)

¿Te has preguntado cómo se sentía Simón aquella mañana, cuando Jesús apareció en escena?


Jesús vino a la orilla del lago de Genesaret, y la gente se apretujaba para estar cerca de él y escuchar lo que tenía que decir. Sin duda había un mensaje de parte de Dios para las personas, y ellos correspondían con interés.


Pero Jesús, queriendo tener más alcance con la gente, quizá para tener más espacio y visibilidad, estudió el escenario, buscando un punto más alto donde todos pudieran verle, e identificó dos barcas en la playa, que los pescadores habían dejado allí, mientras lavaban las redes.


Estos pescadores, hasta ahora anónimos, eran Simón, y Zebedeo, el padre de Juan y Jacobo, los dueños de esas embarcaciones. De modo que Jesús entró en el bote de Simón el pescador, un bote dejado en la orilla, mientras ellos lavaban las redes.



Enfrentando la Desilusión en Nuestra Vida Diaria


¿Por qué lavaban las redes? Indudablemente porque habían tenido trabajo la noche anterior. En el oficio de la pesca, el trabajo era nocturno. Pescaban durante toda la noche, y a la mañana siguiente desocupaban el bote, lo limpiaban y lavaban las redes, para tenerlas listas para la siguiente noche de faenas. El trabajo no terminaba hasta que las redes y el bote quedaban limpios y habilitados para la siguiente noche.


Pero Jesús irrumpió en la vida de aquellos pescadores, esa mañana, y subiendo en la barca de Simón, le pidió que la retirara un poco de la orilla, luego, sentado en la barca, comenzó a enseñar. La idea de descanso, para Simon y los suyos, se esfumaba. Mientras la barca no estuviera asegurada en la orilla, bien amarrada, ellos no podían ir a descansar.


Para Simón era un privilegio tener al maestro en su barca, era agradable escucharle enseñar. Pero esa mañana, el ambiente de la barca manifestaba cierto desaliento. Jesús lo percibió. A pesar del trabajo de limpiar el bote, y lavar las redes, se notaba que la noche anterior no habían tenido resultados. ¿Dónde estaban los peces?


Seguramente Simón y sus ayudantes tenían en su semblante la marca del desaliento y la frustración. Toda la noche habían estado en faenas de pesca, pero no habían sacado nada. No habían tenido resultados. No se sentían realizados, porque no habían tenido éxito.


Yo creo que tú conoces este sentimiento: sentirte frustrado por tanto trabajo… sin resultados. Seguro lo has experimentado después de una jornada de trabajo, cuando después de tanto esfuerzo físico y mental, evalúas el resultado económico, y es insuficiente. O cuando cobras tu salario a fin de mes, y no te alcanza.


Cuando los Resultados No Llegan


Puedes experimentar este sentimiento también, cuando sientes que has hecho un esfuerzo extremo preparando una actividad en la iglesia y no hay asistencia. Cuando sales a predicar y no hay resultados de conversiones. Cuando tu trabajo no rinde el fruto esperado.


Saliste con gozo porque esperabas lograr un objetivo, pero regresas al final de la jornada, sin alcanzar la meta. Llegas a tu casa, cuelgas tu maleta, lavas tu cara, y sacas cuentas: El resultado no alcanza, una vez más.


Y entonces nos quedamos en la orilla, lavando nuestra insatisfacción, preparándonos para enfrentar las responsabilidades del día sin el saldo que necesitábamos. En la casa, la familia de Simón esperaba su alimento, los cobradores esperaban su paga, y las necesidades su cuota de satisfacción, pero nada de eso tendrán hoy. La barca estaba en la orilla, las redes lavadas, pero el fruto… ausente.


¿Cuántas veces te has sentido como Simón en la orilla del mar? ¿Cuántas veces te has sentido mal por tu falta de resultados? ¿Cuántas veces, te has preguntado con frustración, “Por qué no tenemos crecimiento”?

Como pastor, sé lo que es trabajar "toda la noche" sin pescar un solo ejemplar. Enfrentar los peligros, la oscuridad, las amenazas, los vientos contrarios, los elementos en contra. Ir contra todo con nuestra barca, y luchar con todas las fuerzas, arrojando la red, y volviéndola a sacar. Sin resultados.


De la Frustración a la Transformación Espiritual


La frustración es una compañera constante en nuestro viaje espiritual, pero no debemos temerla ni evitarla. En lugar de eso, podemos abrazarla como una oportunidad para un crecimiento espiritual más profundo. A través de la experiencia de Simón en el lago de Genesaret, hemos aprendido que la frustración puede ser el punto de partida para una transformación divina.


Al igual que Él, a veces nos encontramos lavando nuestras redes en la orilla, desanimados por los resultados que no están a la altura de nuestras expectativas. Pero cuando permitimos que Jesús entre en nuestra "barca" de frustración y obedecemos sus instrucciones, podemos experimentar una pesca milagrosa que superará incluso nuestras expectativas más salvajes.


La próxima vez que te sientas frustrado por tu crecimiento espiritual o la falta de resultados, recuerda que es en esos momentos de mayor desafío que Dios puede obrar de manera más poderosa. La frustración no es el final de la historia; es el comienzo de un viaje más profundo hacia una fe más sólida y un crecimiento espiritual transformador.


En la segunda parte de esta serie, "Profundizando en la Fe: El Camino del Crecimiento Espiritual", evaluaremos cómo podemos llevar nuestro crecimiento espiritual a nuevas alturas. No te pierdas esta continuación, ya que juntos exploraremos más estrategias para abrazar la frustración como un escalón hacia un crecimiento espiritual más profundo y significativo. ¡Tu viaje apenas ha comenzado!



Autor: David Parra

Diseño: Marco Gentile


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Mira los otros capítulos de la serie y mucho más en la sección de DEVOCIONALES

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