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Dios está donde tu estés


Serie: “¿Me voy o me quedo?”


Capítulo 5: Dios está donde tu estés


Quiero hablarle a las personas que se sienten mal y se culpan por todo, creyendo que sus problemas son las consecuencias de la decisión que tomaron; ya sea porque se fueron o se quedaron.


Le pido a Dios que haga un milagro en este momento, y estas líneas que escribo en la soledad de mi oficina, transciendan en el tiempo y el espacio, y me permitan conectarme contigo para hablarle directamente a tu corazón:


Si eres como yo, de seguro sientes un torrente de culpas por aquello que pudiste hacer mejor. A veces piensas que, si te hubieras dedicado más a una cosa en particular, allí hubieras encontrado el éxito o la salida a tus problemas. Piensas que te faltó energía, constancia, resiliencia…


Pero quiero decirte una cosa, y Dios me sirva de testigo: No tienes la culpa.


Culparte es como apuntar al huracán porque se llevó tu hogar, o enemistarte con tu Creador por la muerte de un familiar. Lo que nos tocó vivir en este tiempo es el fuego de la prueba; en donde entramos al horno de la aflicción y se quema en nosotros la paja que llevamos. Al final nos arropa el calor del quebranto y sabemos que en nuestra alma está sucediendo algo hermoso: Dios está separando el oro, de la escoria.


Dios no te dio una familia para que solo te dedicaras a la familia, ni te envió un trabajo o negocio para que te convirtieras en un trabajólico(a) y te olvidaras de los tuyos. Tampoco te exigió que salvaras al mundo y descuidaras todo lo demás. El Señor colocó muchas cosas al alcance de tus manos, algunas lograste sostener, otras se te cayeron, porque entre unas y otras chocaban muchos intereses.


Quiero que sepas que no está en tu poder ser el mejor en todo y mucho menos al mismo tiempo. Claro que hay errores que lamentamos, y si tenemos la oportunidad, corregimos; pero tu tarea era dar lo mejor que tenías, con la fuerza que te quedaba, y el amor que sentías.


Quiero contarte una historia bíblica: Entrando en el templo, una viuda echó 2 blancas en el alfolí de la ofrenda, muchos ricos vaciaban sus bolsas de oro, pero Jesús, viendo a la anciana, dijo: Esta mujer ha dado más que todos ellos, y cuando le preguntaron por qué, les respondió:


Aquellos dan de lo que les sobra, ella dio todo lo que tenía.


Tú te has entregado en mente, cuerpo y alma. Las decisiones que has tomado han sido como las de la viuda. Muchos, teniendo los recursos hacen menos que tú y desperdician sus oportunidades; en cambio Dios sabe que has avanzado por un camino pedregoso, luchando contra las circunstancias y dando lo mejor de ti.


Dios está contento contigo.


Llegará un momento en que las aguas de la tristeza correrán río abajo, y llegarán nuevas aguas de gozo, para refrescar todas tus heridas.


El secreto, cuando vienen los malos tiempos, está en no ver el presente como si fuera eterno, Dios te manda a decir, hermano mío, hermana mía: Todo pasará.


Se irán las malas épocas y volverán nuevamente, como volvían las golondrinas de Gustavo Adolfo Bécquer. Puede que haya sido mucha el agua que en tu vida se ha estancado, pero recuerda que Dios manda la lluvia temprana y tardía, creando renuevos donde la madreselva se encuentra podrida.


Y donde tú no ves nada, allí donde el desierto se abre como un paracaídas… Tu Dios estará para abrazarte, así que no temas llorar en su hombro y contarle aquello que disminuye tus fuerzas. Porque estarás dando el paso para ver su gloria.


Dios muestra su grandeza, cuando estás más débil.


Tu vida no es producto del azar, hay un plan incomprensible del que todos somos parte. Tu tarea no es comprenderlo todo para anticiparte a la vida y ganarle en su mismo juego. El propósito de tu existencia es que aprendas a amar, y hagas lo mejor que puedas con esa ración de amor que te tocó llevar.


Desde el Génesis hasta el Apocalipsis encontrarás los consejos para llevar una vida agradable a los ojos de Dios. No necesitas ser perfecto, sino una persona imperfecta que adora a un Dios perfecto.


Dios está donde tu estés. Estará acompañándote en tu día a día, y si te acostumbras a ver el mundo con los ojos de la Fe, verás el maravilloso rastro que dejan sus milagros.


Él hace brotar agua en el desierto, y arranca de los brazos del Seol a quien daban por muerto. Estará contigo en Venezuela, en Colombia, Brasil, Ecuador, Perú, Chile, Argentina y en todo el mundo…


Nunca has estado solo o sola. Quiero hacerte una pregunta: ¿Estás vivo o viva?” Como la respuesta es obvia, te diré por qué: Dios no ha terminado la obra que empezó en ti.


Quiero regalarte un pasaje de la Biblia que me ha servido en tiempos de aflicción, cuando lo leas, hazlo con calma y analiza cada frase, porque en ellas se encierra todo el amor de Dios. Ten en cuenta que fueron dichas por alguien que aceptó ser crucificado por ti:


Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.

Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación.

Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad.

Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados.

Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.

Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios.

Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios.

Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.

Mateo 5:3-10


Quiero que sepas que Bienaventurado es todo aquel que alaba a Dios en su tiempo de angustia, porque los problemas se irán, pero nunca tocarás el corazón de Dios como cuando le das las gracias, en medio de tu aflicción.

Dios te bendiga por siempre.


Marco Gentile

Dpto. de Redacción NotiCristo

Diseño: @REDACTRÓNICA en Facebook e Instagram.


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