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El propósito de la tribulación



Llamamos tribulaciones a todas aquellas eventualidades o situaciones que nos puedan abrumar. Comprenden los momentos de soledad, los valles de enfermedades, y los desiertos de la pérdida. Incluye los momentos donde experimentamos ausencias físicas de personas que amamos, o las situaciones de disminución de nuestros bienes y recursos.


Nos atribulamos por la escasez, por el dolor, y por la derrota. Nos afligimos por el fracaso, las traiciones y las deslealtades. Entramos en la angustia tormentosa cuando sentimos el desaliento en nuestra espalda, y el crepitar del miedo encendiéndose en nuestros fueros internos.


Pero en medio de los procesos dolorosos que de pronto nos pueden asaltar, una cosa es segura, podemos experimentar que esos momentos no niegan la realidad del amor de Dios para nosotros, sino que proveen la oportunidad para confirmarlo de un modo real en nuestras vidas.


En medio de esas dificultades la Gracia de Dios nos capacita para buscar su rostro y así perseverar hasta vencer las pruebas de la vida. La Palabra dice:


"Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia; y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza; y la esperanza no avergüenza; porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado". Romanos 5:3-5


Nuestro Señor usa todas las dificultades que se presentan en nuestra vida, incluyendo los ataques del enemigo, para desarrollar nuestro carácter en el camino a la transformación y el crecimiento. En medio de esos procesos desarrollamos la perseverancia necesaria para profundizar nuestra confianza en Dios.


En medio de los procesos de tribulación, la Gracia Divina produce en nosotros paciencia, entereza de carácter y fe, para que podamos ver más allá de la situación que está delante, y enfocarnos en la esperanza que tenemos en las promesas de Dios y en la seguridad de saber que Él tiene todo el control.


Debemos dar gracias al Señor por permitirnos madurar diariamente en la experiencia constante de su amor en nuestros corazones, justo en esos momentos donde la prueba se vuelve más dura, y la opresión del enemigo parece arreciar.


En medio de las dificultades más fuertes, podemos contar con la Presencia de Su Santo Espíritu que nos inunda de su amor, renueva nuestra esperanza, y nos permite sentir gozo aún en medio del vendaval de la tribulación.


El derramar de su amor, que recibimos por el don del Espíritu Santo, alienta nuestra esperanza, renueva nuestra paciencia, y nos permite ver la gloria de su Gracia, justo cuando aumenta el dolor de la tribulación.

En esos momentos aciagos, es que podemos entender lo que expresaba el apóstol Santiago, en su carta universal: "Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia. Más tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna". Santiago1:2-4


Pareciera una contradicción llegar a pensar que en medio de las pruebas podamos tener el sumo gozo del que Santiago habla, hasta que experimentamos cómo el Espíritu Santo nos consuela en medio de las luchas y dificultades.


Aún en el fragor de la batalla, el Consolador viene en nuestro auxilio, levanta nuestras fuerzas caídas, y eleva nuestro ánimo apocado; El Parakletos divino nos acerca más a Jesús, nos comunica Su Verdad, y nos enseña Sus caminos.


En medio de las luchas y pruebas, Él es nuestro ayudador, consolador, consejero, abogado y guía. Él nos señala la ruta a seguir en medio de los parajes pedregosos por donde nos toca pasar, y nos da fuerza con su poder en los momentos cuando sentimos que desfallecemos.

Por esa razón nos podemos gloriar en la tribulación que nos toque vivir. Y tenemos la capacidad de sentirnos dichosos de sufrir por Él. Porque todo es en, por, y para Él, y si su Voluntad permite que la tormenta toque nuestra barca, es para su gloria y su honra, y podemos confiar que a nosotros también, tales procesos, nos ayudarán a bien.


“Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.” (Romanos 8:28 RVR1960)


Pr. Ángel García

Dpto. de Redacción NotiCristo


Dpto. de Diseño: Marco Gentile

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