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Lo que aprendí de papá


Dedicado a Néstor, mi primer gran amor. A Chucho y José, gracias por darme la mejor herencia del mundo, una familia que ama a Dios. Y a Abba Padre, porque sin Él nada soy.


Un gran hombre hace unas semanas nos dejó un reto “¿Quién quiere escribir algo bonito para el día del padre?” Y henos aquí.


Entre las miles de millones de personas que habitamos este planeta, ¿cuántos papás habrá?, ¿cómo regalar unas palabras dignas de exaltar la labor de TODOS esos hombres? Y al enfrentarme a la hoja en blanco, solo me queda reducir el número, y hablar de mi primer gran amor: mi papá.


Antes de empezar a leer te invito a que hagas un alto. Piensa en el primer recuerdo que tengas con tu papá, algún momento que nunca olvidarás o lo que más admiras de él. La suma de cada uno de estos sucesos crea el retrato en nuestra mente de uno de los hombres más importantes en nuestra vida.


Este es un pequeño retrato del mío…


Existe un dicho latinoamericano que dice “Mamá solo hay una, papá cualquiera”, con el que no puedo estar más en desacuerdo porque el mío es el hombre más berraco, el más divertido, el más fuerte y el que más me ama. ¿Cómo va a ser cualquiera?


Muchas mujeres esperan la llegada de un príncipe azul montado en un caballo blanco, o en un buen auto para ser más actuales, mientras que yo tengo al mío; que montado en su bicicleta me llevó desde el primer día de clases al Preescolar hasta el último día de mi universidad, al paradero del bus.


Estando en el colegio me fui dando cuenta que no era una “niña normal”. Vengo de un hogar de esos que están en peligro de extinción; a diferencia de muchos de mis compañeritos, mis papás están juntos y la mayor parte de mi infancia estuvieron en casa.


Esta rara condición me permitió ser espectadora en primera fila de clases intensivas con mi papá y hoy, al dar un vistazo hacia atrás, puedo ver todo lo que aprendí de él.


De mi papá aprendí a luchar y no porque fuera boxeador (aunque seguramente lo habría hecho de maravilla) sino porque es el mayor defensor de sus ideas, de su familia y de lo que es justo. Me enseñó que todo en la vida se gana con esfuerzo y perseverancia.



Mi papá me enseñó el valor de las risas, que pueden ayudar a curar cualquier mal, con sus chistes inventados, sus ocurrencias, adivinanzas y juegos de palabras que nunca acaban. Todas ellas siempre acompañadas de una mirada de complicidad, mientras en mi mente pienso “¿Con qué va a salir este hombre?”


Me enseñó que el amor verdadero sí existe y que hoy en día sí se puede tener un matrimonio que vaya contra viento y marea, luchando juntos siempre de la mano. De mi papá aprendí que de la manera en que ve a mi mamá es como deseo que un día mi esposo me vea a mí.


Aprendí que detrás del hombre más fuerte del mundo, está el papá más amoroso y entregado. El que ha estado dispuesto a acompañarnos en todo: desde ayudarnos con sus dotes de actuación (haciendo la voz del Oso Lotso), hasta pasar noches en una silla de hospital al lado de mi hermanita.


De mi papá aprendí que todos se pueden equivocar, hasta él, ya que a diario sigue aprendiendo a ser papá. La diferencia es que, por más que él tenga errores, nunca me va a fallar, porque por encima de todo está ese amor puro que Dios ha puesto en su corazón, con el que jamás me desearía algo malo.


Y podría quedarme horas enumerando las mil cosas que papá me enseñó, pero la más importante de todas es que Néstor me enseñó que mi Papá es Dios. Junto a mis abuelos, Chucho y José, estos 3 hombres han sido los encargados de ser las cabezas de una familia imperfecta que espera ser perfeccionada en manos del Creador.


Cada uno de nosotros tendrá un retrato diferente al dar un vistazo atrás. Todos tendremos algo que hemos aprendido de papá y algo por lo que agradecerles.


Que en este día del padre, los recuerdos nos hagan correr nuevamente a los brazos de ese primer gran hombre en nuestras vidas.


Y para quienes quizá ya no tienen a su papá de manera física, que este sea un día de reconciliarnos con la ausencia, de mirar el álbum mental y rescatar todos los buenos recuerdos, dejar a un lado los pendientes o los rencores sinsentido, para que lo que prime sean las sonrisas y el amor.


Tatuemos en nuestro corazón ese retrato, y que a una sola voz les digamos a esos millones de caballeros FELIZ DÍA DEL PADRE.


Autor: Erika Pulido

Bogotá- Colombia

Diseño: Darlis de Gentile


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