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¿Se puede alcanzar la felicidad?


(Artículo de opinión)


¿Se puede alcanzar la felicidad? ¿Alguna vez tendremos todo lo que queremos? Me acosté ansiando una cosa, pero en lugar de eso, lo que saboreó mi subconsciente durante las horas nocturnas en que dormía me hizo organizar mejor las necesidades.


Lo que busco desde hace días, lo deseo casi tanto como yo quiero vivir de nuevo aquella sensación que tuve en mi sueño mientras dormía.


Paseaba en automóvil respirando el aire puro de una región agreste y montañosa de, presumo yo, Europa.


Recuerdo el primer paraje. Me hizo llorar. Era tan hermoso, la vegetación que nos rodeaba, repartida entre arbustos y espigas, coloreadas de amarillos y rosados, hacia juego con algunas casas de madera, fundadas sobre las rocas de un pequeño acantilado cortado para construir.


Esos inmuebles estaban pintados de azules, amarillos claros, blancos y rosas, ornamentados con fina jardinería justo al final de calle. Era lo que se dice una "calle ciega", pero para mí fue como contemplar la calle más clarividente del mundo, donde hasta los ciegos verían si caminaran sobre ella.


No era solo el aire nuevo, fresco y templado del lugar que me hacía cosquillas en las mejillas. Había un toque místico en este viaje. Yo prorrumpí en llanto. Y me preguntaba: ¿Así es como se siente la felicidad?


El auto seguía su camino visitando nuevos y nuevos lugares. A veces era de mañana, los paisajes cambiaban; otras, era de tarde, pero el sol que me saludaba era siempre nuevo como el de un perpetuo amanecer y no había calor; pero sí la caricia de su calidez.


Yo seguía llorando al pasar rápidamente por esos floridos espacios inhabitados, y me desagarraba:


-Yo quiero vivir aquí. ¿Cuándo podré venir, Señor? —decía.


Las lágrimas, el saberme infinitamente feliz, el no saber muy bien por qué (nunca he deseado con demasiadas ansias viajar a Europa), me hicieron pensar al despertar, que este sueño era algo místico.



Un mensaje de Lewis tal vez... en el libro donde relata su conversión, en sus Crónicas sobre Narnia, y en las re significaciones de los mitos (también en el sueño había una niña, que hablaba sobre uno de los mitos griegos que Lewis reescribió) él siempre, siempre, siempre, mezcla la naturaleza con lo Divino.


Lo natural, lo salvaje como una forma de aprehender lo supra natural. En Narnia, un León es el Señor; en el Mito de Psique y Cupido, una princesa hermosa y descalza se convierte en diosa sobre la inhóspita cumbre de una montaña; en "Sorprendido por la Alegría" relata cómo hay Algo tras las cristalinas cortinas de la Naturaleza, cuyo pálpito estremece la realidad, y nos llama.


“Es una belleza” —dice él— “una Alegría”.


Es esa misteriosa experiencia que desaparece en cuanto se ase, y deja tras si la desolación de su ausencia. Lewis vagó mucho tiempo buscándola, hasta que la halló en Jesús Nazareno.


Ahora enseña a sus lectores a dejarse llamar por Él. El punto donde lo eterno se toca con lo mortal, como en la Montaña de la Transfiguración. Allí acudieron Juan, Pedro y Jacobo, pero no participaron de la escena.


Incluso, antes que la entendieran, alelados, ya había desaparecido la visión. Pero Jesús sigue llamando. Sigue abriendo pequeños portales... ¿seremos capaces de verlo?


Este sueño que tuve me hizo atisbar por un momento la felicidad del lugar dónde está mi hogar. La morada que el Señor fue a preparar.


Oí una potente voz que provenía del trono y decía: «¡Aquí, entre los seres humanos, está la morada de Dios! Él acampará en medio de ellos, y ellos serán su pueblo; Dios mismo estará con ellos y será su Dios. Él les enjugará toda lágrima de los ojos. Ya no habrá muerte, ni llanto, ni lamento ni dolor, porque las primeras cosas han dejado de existir!» (Apocalipsis 21:3-4 NVI)


Elvis Russo

El Tigre, Venezuela


Diseño: REDACTRÓNICA



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