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Soy madre y no sé qué hacer



Si eres madre primeriza o soltera, tal vez tengas muchas dudas en cuanto a cómo ser una buena madre. En las diferentes etapas de la maternidad es muy posible que llegue el momento en que digas “No sé qué hacer”… Quizá eres de las que buscan todas las respuestas en internet o las que tienen un gran séquito a su alrededor diciéndole qué hacer y qué no.


Sea cual sea tu caso déjame decirte que no estás sola, todas transitamos ese camino alguna vez. Desde el nacimiento de tu bebé, pasando por cada uno de sus aprendizajes, la etapa de la temida adolescencia y la época universitaria, todo es nuevo para una madre primeriza; y aunque tengas varios hijos, siempre habrá muchos aspectos que son únicos en cada uno.


Pero, si a todos estos factores le sumamos la evolución del mundo moderno, y los cambios de paradigmas en nuestra sociedad, nos encontraremos en un mundo muy diferente al que nos criaron nuestros padres, y prácticamente sin herramientas que nos aseguren actuar de la manera correcta.


Ante tantas interrogantes tal vez sea más fácil seguir la corriente, ir hacia donde va la mayoría. Pero eso no siempre es lo correcto. La Biblia nos enseña: “Instruye al niño en Su camino (de Dios) y aun cuando fuere viejo no se apartará de él.” La biblia es un manual de conducta, y resulta absolutamente útil y necesario a la hora de instruir a nuestros hijos si queremos que sean ciudadanos de bien, personas con principios y valores.


¿Debo cambiar mis enseñanzas?


Recuerdo a un joven que le cuestionaba a su padre el por qué era tan honesto. Tenía familiares que hacían ‘truquillos’ en sus negocios y empleos y terminaban quedándose con una ganancia superior a la debida. Y a él le molestaba ver que la integridad y honestidad de su papá le habían llevado a una vida con necesidades, por haber rechazado ‘propuestas ilícitas’ que le hubiesen garantizado una buena paga.



Lamentablemente estamos en un mundo que ha puesto los principios y valores a un lado, se premia al tramposo, y se tilda de tonto al honesto. La moralidad ya no es tan importante, sino que impera más la satisfacción de nuestros propios placeres, sean cuales fueren. Por eso, no debemos, como dice Pablo, adaptarnos a este siglo. Porque un niño no sabe discernir entre lo bueno y lo malo, lo que le conviene o no, y hay decisiones que simplemente no podemos dejar en sus manos, sino que nos corresponde a nosotros como padres guiarlos, y seremos responsables por ello.


Confieso que en ocasiones me encontré preguntándome si debo enseñar a mi hija a ser mala para que pueda sobrevivir en un mundo malvado; esto después de que me llegara llorando a casa muchas veces porque alguna compañerita la había tratado mal o le había hecho alguna burla. Siempre que le pregunté: ¿Qué hiciste después que te hizo eso? Su respuesta fue “nada”. Ella no hizo nada para defenderse. Y aunque como madre esto me irrita, como cristiana me confronta. ¿Debo yo contaminar el corazón de mi hija para que pueda sobrevivir en este mundo?


Y es allí cuando recuerdo las palabras de Cristo al ser cuestionado de por qué aquellos que hace unos días le seguían y le proclamaban rey, ahora lo entregaban. El respondió: “Mi reino no es de este mundo”. Y eso es lo que debemos tener presente, nuestro reino no es de este mundo y nuestra morada no está en la tierra. No es aquí donde debemos buscar aprobación, pues qué es este breve período de tiempo que llamamos vida, comparado a una eternidad después de la muerte.


Enseña a tus hijos la fe y la piedad, el amor y el respeto por el prójimo. No importa lo que el mundo diga, o que las redes sociales proclamen que debemos dar a nuestros hijos enseñanzas diferentes a las que nos dieron nuestros padres porque el mundo está cambiando. ¿Qué te enseñaron tus padres? ¿No fue el respeto al prójimo, a la propiedad privada, a los adultos, a las autoridades; a ser responsables, honestos? y muchas cosas buenas más… ¿Crees que eso es algo que necesita ser cambiado?


Como decía Martin Luther King “No preocupa tanto el grito de los malvados, de los deshonestos, corruptos y sin ética, como el silencio de los buenos”. El mundo ha necesitado, necesita, y necesitará, gente buena que se levante y marque la diferencia, que levante la voz por aquellos que no la tienen.


¿Qué puedo hacer?


Si como madre te has enfrentado a situaciones que nunca imaginaste pasar con tus hijos, no te angusties, hay esperanza.

Una cosa que siempre ayuda en momentos así, es clamar a Dios, con el amor y la pasión que solo una madre puede hacerlo; porque él es bueno y misericordioso y está atento al clamor de sus hijos. Además, hacer esto te ayuda a drenar, a sanar. Saber que abriste tu corazón a alguien que te escucha y que le importas, siempre nos hace sentir mejor.


Luego de eso, respira profundo y ten paz en tu corazón. Puedes escuchar la voz de Dios si te acercas a su Palabra.


Y por último, reflexiona. Tal vez tu sola no puedas cambiar el mundo, pero puedes hacer tu parte sembrando la semilla correcta en el corazón y mente de tu hijo, pues un día crecerá y dará frutos. Recuerda que el mundo que construyamos hoy es el hogar que heredaremos a nuestros hijos; y tal vez no estaremos allí siempre para protegerlos.


¡Ánimo!


No te sientas mal si hoy no sabes cómo ser la mejor madre; porque como decía Jill Churchill: “No hay manera de ser una madre perfecta, pero hay un millón de maneras de ser una buena madre”. Muéstrales tu amor cada día, al levantarlos con un beso para ir a la escuela, al servirles su comida favorita, al celebrarlos cada vez que aprenden algo nuevo por pequeño que sea, y de todas las formas que puedas, que aun en medio de una corrección sepan que son amados por ti.


Y aunque ya se aproxima la celebración del día de las madres, celébrate desde ya, porque ser madre es una tarea de todos los días, y de nosotras depende qué será del mundo el día de mañana.


¡Ánimos mamá! Todas juntas podemos cambiar el mundo.


Autor: Darlis Gentile

Venezuela

Diseño: Redactrónica



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