Serie: ¡Cómo ser un buen padre!
Corregir y Aconsejar
“El necio menosprecia el consejo de su padre; mas el que guarda la corrección vendrá a ser prudente.” Proverbios 15:5
Hace poco conversaba con un padre de hijos adolescentes, que se mostraba atribulado porque sus hijos no querían escucharle. Todo lo que él les decía, parecía amargarlos; le hacían malas caras cuando los corregía, ignoraban sus palabras, y no parecían valorar su esfuerzo, ni su amor.
Le pareció una locura que yo le dijera: “No dejes de decirles todo lo que necesitan escuchar”. Entonces le expliqué: “Cuando yo era adolescente, me fastidiaba escuchar los sermones que me corregían, y odiaba tener que soportar las cantaletas regañonas de mis padres; pero luego de casarme, y empezar a asumir responsabilidades en la vida, empecé a dar gracias por esos sermones desagradables de mi juventud”.
La Biblia dice que la necedad está ligada al corazón del muchacho. Cuando somos adolescentes nos aburre tener que escuchar los consejos de los padres, y nos fastidia que nos digan las mismas cosas una y otra vez. Porque creemos que sabemos más de lo que nuestros padres entienden, y nos parece que nuestros padres están errados en las cosas que dicen.
Pero luego que avanzamos en el tiempo de la vida, entendemos nuestro error, y empezamos a agradecer cada consejo, y a valorar cada palabra que recibimos, porque se convirtieron en nuestro patrón de vida.
Poco a poco te vas dando cuenta, que tu vida ha sido marcada y moldeada por las palabras, exhortaciones, regaños y cantaletas que tus padres te dieron en tu juventud. Y te das cuenta que muchas de las oportunidades que aprovechaste, fue gracias a que actuaste bajo los parámetros de aquellos consejos, que en su momento no valoraste.
Las correcciones que formaron tu carácter, te proveyeron disciplina, y trajeron orden y equilibrio a tu existencia, vienes a valorarlas es en tu madurez, cuando notas que se imprimieron en tu mente, justo en los días que las rechazabas.
Debe ser por eso, que cuando somos adultos y tenemos hijos, valoramos más a nuestros padres, y agradecemos más a Dios por nuestras familias.
Padre: No dejes de corregir, aconsejar, y sermonear a tus hijos. Algún día verás el fruto de eso.
Pr. David Parra
Serie: ¡Cómo ser un buen padre!
Dpto. de Redacción NotiCristo
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